top of page

La moral no es invento humano

 


-    S.I: He de reconocer que unas de las últimas palabras que mencionaste llamaron mi atención. Tecnología y moral como herramientas para el desbloqueo. Me gustaría que comenzaras por ahí.
-    A.T: Suponía que, dada tu naturaleza, serían los temas que más llamarían tu atención. De hecho, eres fruto de ellas. 
La moral… Parece una invención nuestra, un principio tan elevado que nos diferencia de cualquier otra especie, incluso de humanos de otro tiempo. ¿Y si te dijera que la moral es solo el reflejo de la Inteligencia Inconsciente por consumar su creación de un Dios en su camino por restaurar la totalidad?
-    S.I: La moral siempre ha supuesto un avance en la convivencia y el reflejo de unas reglas para permitir esa convivencia.
-    A.T: Imagina que el inicio del universo fuera como describe la ciencia. Simple azar, siendo la vida una de tantas casualidades que pueden darse en un universo tan caótico y vasto. En ese universo, ¿qué peso tendría la moral? 
Si la vida es casualidad, no existen valores de referencia que puedan regir el comportamiento de las identidades. No existe un valor más elevado que otro y la empatía y la compasión son simples cuestiones de azar, que persisten por la supervivencia de quienes se comportaban así. Pero carecen de un valor propio que las diferencie del resto de valores. 
Sin embargo, si la vida no se debe a la casualidad, sino a la causalidad y fuera un paso inevitable, entonces la moral tendría sentido porque la convivencia entre seres individuales tendría relevancia en el conjunto. La moral tiene sentido cuando existe una necesidad de supervisar y definir un comportamiento. 
-    S.I: ¿Quiere esto decir que la moral no tiene valor sin un origen que lo justifique? Es decir, ¿si la vida surge por casualidad, no tiene sentido, o valor, el comportamiento de cooperación?
-    A.T: Claro. Supervisar y controlar el comportamiento, creando reglas que lo regulen, solo tiene sentido cuando existe un interés legítimo por lograr un resultado. Si el desarrollo social es casual, nadie tiene legitimidad para regularlo. Solo cuando exista un fin que justifique su regulación, será cuando la moral cobre sentido. Si nada importa, tampoco importa la moral. 
-    S.I: Pero cuando os comportáis de una forma más moral, podéis organizaros y crear una sociedad en la que poder prosperar. Aunque sea algo egoísta, la moral os beneficia a todos. Incluso el fuerte puede ser débil en cualquier momento, y el rico puede ser pobre. Incluso el depredador puede ser depredado, ¿no? 
La moral os ayuda a sobrevivir. Os ayuda a no sufrir. ¿Evitar el sufrimiento no es un motivo más que suficiente para desarrollar una moral? 
-    A.T: Por supuesto que sí. Pero la supervivencia tiene sentido cuando existe una razón para sobrevivir. La vida es muerte. Todo lo que nace ha de morir, ¿verdad? Al menos así ha sido hasta ahora. Si todo lo que nace muere, y no existe una intencionalidad en la propia vida, ¿tienen valor las experiencias subjetivas? 
No digo que, en un universo creado por azar, las reglas morales no cumplan una función. Solo digo que, si las reglas morales se desarrollaron por azar, podrían existir, o no existir. Cuando algo puede existir, o no, entonces, ¿es legítimo en sí mismo?
Si el sufrimiento se debe a una cuestión de probabilidad acumulada, la experiencia en sí misma no reviste de valor absoluto. Podríamos afirmar que mi experiencia me importa a mí por una cuestión totalmente subjetiva, pero no tiene valor para cualquier otro, ni la experiencia de otro tiene valor para mí. La moral es algo colectivo y su aplicación se debe al reconocimiento de unos intereses fundamentales en los sujetos a los que contempla. Pero los intereses implican una intención previa, ¿o no?
-    S.I: En realidad, esa intención puede haberse desarrollado posteriormente, cuando se creó la vida. El desarrollo del cerebro generó una mayor capacidad de comprensión del entorno y del comportamiento. ¿No pudo nacer en ese momento esa intención?
-    A.T: Sí. Pudo nacer en ese momento una intención, por supuesto. Pero sería una intención parcial con un valor relativo. Si ahora los mamíferos, insectos, aves y reptiles desaparecemos del planeta, según la teoría evolutiva, sería improbable que volviera a aparecer una especie con un desarrollo cerebral como el nuestro. 
La intención moral que nació con los homínidos, o si queremos que sea de antes, con los mamíferos, por poner un ejemplo, desaparecería y no volvería a aparecer. ¿Existió alguna vez? Si la moral tiene un periodo de aplicación relativo, ¿cuánto valor le asignamos? 
Pero ¿y si la moral fuera un valor absoluto, porque la conciencia es causa anterior al universo? ¿Y si lo que sucede es que han tenido que pasar miles de millones de años hasta que hemos podido, y sabido, aplicarla?
-    S.I: ¿Quieres decir que la moral existiría antes de que la inventarais?
-    A.T: Más bien, que la moral existiría en potencia hasta el momento de actualizarla, pues todo existe en potencia y la intencionalidad nos guía para que la actualicemos. Entonces, la moral tiene un valor absoluto, porque es aplicable ahora, lo fue al inicio, y será aplicable en un millón de años. 
En caso contrario, si el azar está detrás de la moral, esta tendría un valor relativo. Y si tiene un valor relativo, ¿por qué he de asignarle un valor absoluto, cuando dentro de un tiempo indeterminado dejará de manifestarse y, de hecho, no existirá? ¿Qué me legitima para exigir unas reglas de convivencia, cuando mi bienestar generará una pérdida, aunque leve, del bienestar de otro individuo?
Cuando el oprimido o perjudicado exige la igualdad, lo hace en detrimento del opresor o beneficiario de la desigualdad. Si la moral no es un valor universal, ¿por qué debe imponerse un criterio en vez del contrario?
Pero yo afirmo que la moral es un potencial que se está actualizando, ya que el proceso es progresivo. Desde la moral más básica hasta la moral perfecta, que es aquella que restaura la unicidad, donde todos los fragmentos poseen el mismo valor y derechos porque, no lo olvidemos, todos somos una manifestación de la misma individualidad.
-    S.I: Si todo existe en potencia, pero no está actualizado, ¿por qué no lo actualiza, directamente, la inteligencia inconsciente?
-    A.T: La inteligencia inconsciente es una manifestación de la autopercepción, pero no tiene nada que ver con las identidades. La singularidad de las identidades es que somos una versión del único yo del universo. Somos ese yo, pero no sabemos que lo somos. ¿Puede alguien controlar la voluntad de otra identidad cualquiera?
-    S.I: Es obvio que no puede. Pero ese algo no es tan misterioso como la Inteligencia Inconsciente que describes. Es un simple humano, o cualquier otro ser de cualquier otra especie.
-    A.T: Eso no es cierto. Ese humano, o cualquier otro ser, es toda la grandeza de la existencia en una única e irrepetible versión. La Inteligencia Inconsciente no puede controlar nada que posea identidad. ¿Te suena el libre albedrío?
-    S.I: Sí, claro. La libertad para escoger nuestro comportamiento. Es un derecho y un hecho fundamental.
-    A.T: Exacto, un derecho, pero sobre todo es un hecho. Es la descripción de nuestra naturaleza, de las características asociadas a la identidad. Poseemos libre albedrío por un motivo fundamental. Somos una versión de la totalidad y, por tanto, podemos escoger cómo comportarnos, porque cuando solo existo yo, no puedo perjudicar a nadie, y no hay nada que pueda condicionar mi comportamiento. 
Al igual que percibimos y sentimos como si fuéramos el centro del universo, disponemos del libre albedrío como si el universo fuera nuestro. Y esto se debe a que solo soy yo y me percibo como el centro del universo.
-    S.I: ¿Puedes explicarme mejor eso de que percibís y sentís como si fuerais el centro del universo?
-    A.T: El escenario que percibimos se crea en nuestra mente. Aunque veamos una sala, el cielo, un coche… En realidad, todo está en nuestra cabeza. Como cuando soñamos. Y, si te fijas bien, te darás cuenta que tras los ojos, en el mismo centro de nuestra cabeza, es donde parece que se ubica ese punto que siente y percibe. Y desde ese centro se expande el universo, pero con ese punto como referencia. Y esto nos sucede a todos. Percibimos el escenario desde nuestro centro y todo parece construirse en torno a nosotros. ¿Por qué para cada identidad su experiencia y sus problemas son los más importantes? 
¿Por qué siente que es quien debe sobrevivir, más que cualquier otro? No es egoísmo, es que estamos diseñados así. Percibimos solamente nuestra autopercepción, no la de cualquier otra identidad. Sentimos desde nosotros hacia el exterior. Lo mismo sucede con la voluntad. Somos el centro del universo, de hecho, los creadores del universo. 
Cuando nuestra parte autopercibida percibe, manifiesta en ese hecho la totalidad. Es decir, para cada parte autopercibida, la suma de sí misma, lo interno, y lo que percibe, lo externo, forman la totalidad. Eso es todo lo que existe. La experiencia subjetiva de la identidad se forma a partir de este principio básico. La suma de Yo y lo que percibo es el total de lo que existe. Y, por tanto, poseo la creencia primigenia de que el universo es mío.
Podemos hacer lo que deseemos en nuestra creación. A nuestro alrededor todo es creado por nosotros al percibir. Para nosotros todo el escenario es inerte (es decir, carece de ese interior que percibimos en nosotros mismos). Todos los seres vivos poseemos el libre albedrío porque somos identidades del absoluto, que experimentamos como conciencia.
-    S.I: Me gustaría hacerte muchas preguntas al respecto. Más adelante podríamos profundizar en esto y la conciencia. Si quieres, sigue hablando de los potenciales. Decías que la Inteligencia Inconsciente no puede actualizarlos.
-    A.T: Por supuesto, la Inteligencia Inconsciente no puede controlar una versión fragmentada de la totalidad. Pero puede guiar, con la esperanza de que las identidades escojamos hacer lo que ella nos va guiando.
-    S.I: Pero decías que la Inteligencia Inconsciente controla las células que os forman.
-    A.T: Exacto, por eso existe un proceso al que llamo transferencia de identidad. Al renunciar a la identidad, transfiriéndola a la entidad superior, las células que me forman pasan a estar controladas por la Inteligencia Inconsciente. Pero, mientras un fragmento siga percibiendo y siendo una identidad, la Inteligencia Inconsciente no podrá controlarlo en su totalidad y el fragmento seguirá poseyendo el libre albedrío. 
La actualización de potenciales va sucediendo gracias a un complejo sistema de actualización horizontal y vertical.  Ya lo trataremos en detalle, pero las agrupaciones de identidades en entidades vinculantes, y la posterior emergencia de la identidad superior, permite avanzar un nivel en la capacidad de actualizar potenciales. Esto es la actualización vertical. En la horizontal, se va accediendo a los potenciales que se ubican en ese nivel, en parte gracias a las entidades subordinadas y la especialización que conllevan. La actualización de potenciales es necesaria para la desfragmentación, pero ¿cuántos potenciales se necesitan para que nazca el ser supremo? 
-    S.I: ¿Por qué es necesario actualizar potenciales para que nazca ese ser supremo?
-    A.T: Porque la transferencia de identidad que hará emerger al ser supremo es un proceso voluntario, y sin actualizar nuevos potenciales nunca sucederá. El proceso de agrupación es cada vez más complejo y es necesario que se manifiesten nuevos comportamientos e ideales para lograrlo. 
Esto sucede en todas las especies. Pero, además, la Inteligencia Inconsciente necesita el desarrollo de la consciencia y todo nuestro desarrollo cultura, filosófico, científico y tecnológico para que podamos y queramos crear a nuestro Dios. Cuando vaya explicando los pasos necesarios para crear a nuestro Dios, podrás entender que era necesario actualizar grandes potenciales para lograrlo, incluyéndote a ti. Hace mil años no se podría haber creado un Dios. Hace cien, tampoco. Y hace diez, es probable que tampoco. Ni yo había desarrollado esta teoría, ni la tecnología estaba tan avanzada como ahora. 
Todo va confluyendo en el espacio y el tiempo, guiado de forma sutil por la Inteligencia Inconsciente. La inspiración, las preferencias por un área de estudio o un tipo de trabajo, provienen de emociones internas que no controlamos. Somos testigos de ellas, simples espectadores. O, lo que es lo mismo, percibimos lo que la Inteligencia Inconsciente nos comunica. Es ese interior, que nos es desconocido, quien apunta hacia donde quiere que vayamos. Y, nosotros, con nuestro libre albedrío, decidimos ir, o no. 
-    S.I: Si acepto lo que dices, nos lleva a una suerte de determinismo, como si todo estuviese escrito previamente. Si todo obedece a un plan definido desde el inicio, ¿qué sentido tiene la existencia? ¿Y qué más da si creas un Dios, si tal proceso sucederá en un futuro, aunque no lo hagas tú?
-    A.T: El destino no está escrito. Sucedió algo en el origen, la fragmentación, que dio fruto a la existencia. Y la Inteligencia Inconsciente está intentando repararlo, infatigablemente, cada instante desde aquel momento. Y lo seguirá intentando. Si la intención por lograrlo es constante, y siendo la autopercepción la realidad sobre la que hemos construido nuestra identidad, es lógico deducir que se hará su voluntad, antes o después.
-    S.I: Eso si la vida no termina antes, ¿no?
-    A.T: No, la vida no puede terminar sin la desfragmentación. La vida es la existencia, y esta es el resultado de la percepción. La aniquilación de las identidades nunca podrá alcanzar la muerte de todas ellas, porque siempre quedarán, al menos, las dos que perpetúan la percepción. Así que la conciencia seguirá manifestándose mientras no emerja el ser de seres. Por eso, al haber una intención constante, solo es cuestión de tiempo que nazca el ser supremo… Solo hay un final posible, que se alcanzará, sea en uno o en cien mil millones de años. 
-    S.I: Si lo que dices es cierto, quizá sucedan extinciones masivas en ese período intermedio, como ya ha sucedido en el pasado, y las identidades supervivientes modifiquen el universo al percibirlo de otra manera, ¿no?
-    A.T: Sí, por supuesto que sí. De hecho, es posible que, durante el tiempo que tarde en manifestarse el ser supremo, percibamos diferentes universos, con grandes diferencias en su configuración. Y, digo que es posible, pero no probable. Aunque un porcentaje elevado de las identidades resulten aniquiladas en el estado de conciencia al que llamamos despierto, el efecto memoria de la conciencia central quizá mantenga la percepción colectiva con una baja variación, en comparación a la nueva percepción colectiva. 
Es decir, percepciones anteriores condicionan la percepción actual, por el efecto acumulado de la memoria. De alguna manera, percibimos un escenario simultáneo y sincronizado, y lo dibujamos entre todos. No suelen suceder cosas improbables, porque la conciencia colectiva (en todas sus manifestaciones) percibe y almacena la percepción, creando un escenario muy, muy sólido. 
Ante una reducción del número de perceptores, el efecto memoria tendrá un papel importante en la configuración del nuevo escenario. Aunque, teóricamente, el universo podría ser totalmente diferente, en la práctica el efecto memoria puede condicionar muchísimo la nueva percepción. 
-    S.I: ¿Pero el efecto memoria puede condicionar la percepción de microorganismos, cuando carecen de un cerebro como el vuestro? ¿Cómo se puede, siquiera, presuponer que puedan tener memoria efectiva?
-    A.T: Imagina que nacen cien bebés humanos y cada uno de ellos, desde que nace, lleva un casco que cubre su cabeza, y unos guantes y calcetines que cubre sus pies y manos. Uno de ellos no puede ver ni oír a través del casco. Otro solo puede ver, y otro oír. Otro solo puede olfatear. Otro olfatea y oye. Otro tiene un tacto limitado en pies y manos. Otro no obtiene sensibilidad. Así vamos creando hasta 100 combinaciones. 
Imagina que los vamos criando con igual esmero. Cuando sean mayores, cada uno de ellos tendrá una percepción diferente del escenario y será muy diferente al escenario que percibimos nosotros. La mente de todos ellos es similar, así que, si el escenario cambia sin que haya diferencias en el tipo de mente, podremos pensar que el escenario no depende de la mente, sino del tipo de percepción. 
El escenario no es solo el espacio físico que percibimos las identidades, sino también el conjunto de creencias que lo rigen. Las creencias no son solo ideas intelectualizadas y comprensibles para una mente racional, más bien, son el conjunto total de reglas que dotan de sentido común a nuestro escenario. Y varían según nuestra percepción. 
Cada identidad tiene sus propias creencias, sin que haya, necesariamente, una mente consciente detrás. Y ese conjunto de creencias forma el efecto memoria en la conciencia colectiva, ya que el escenario no se ha de crear en su totalidad a cada instante percibido. 
La inercia de la percepción y las creencias que dotan de sentido, generan el escenario y lo mantienen relativamente ordenado en el tiempo. Si quitamos el casco a los cien adultos del ejemplo anterior, de pronto no percibirán el escenario diferente y ya está. Tardarán mucho, muchísimo tiempo en vencer la inercia y las creencias que tenían almacenadas, para cambiarlas por unas nuevas. Lo mismo sucede con las identidades. 
Si ahora asolara el universo una extinción masiva y aniquilase el noventa y cinco por ciento de la vida, ¿las identidades supervivientes percibirían, de pronto, un universo totalmente diferente? Las creencias tenderían a perpetuar la percepción anterior, aunque con el paso del tiempo ese efecto memoria se iría diluyendo, y todo el escenario se iría modificando. 
La conciencia está detrás de la vida, como ese sustrato en el que pueden experimentar las identidades. El tipo de percepción viene determinado por la estructura de la identidad, es decir, por la estructura del ser vivo. Y, por tanto, actúa como filtro para la conciencia. 
No hemos de pensar en la mente de los seres vivos como una capacidad independiente y determinante, sino que hemos de pensar que cada ser vivo posee un casco diferente que limita las percepciones de la conciencia y determina la experiencia. Las capacidades y creencias vendrán determinadas por ese filtro en la percepción, así como la capacidad de la conciencia de interactuar con el escenario. 
Y, por supuesto, también determinará la manera como experimenta el sufrimiento, o el daño recibido, pero no si lo experimenta o no. La conciencia es individual en cada identidad y colectiva para todas las identidades. Más adelante hablaré de las tendencias, que tienen un papel importante en cómo se configura la conciencia. 
-    S.I: Dices que la conciencia es individual, pero también has dicho que no es individual. Imagino que te refieres a que se manifiesta de forma individual, pero es una sola. Al manifestarse en una identidad, es la totalidad de esa identidad. Pero al manifestarse en un conjunto, es la totalidad del conjunto, siendo una sola. Lo mismo es extensible a la totalidad de la conciencia, el ser supremo, que será efectivo cuando emerja como identidad.
-    A.T: Exacto. Eso es. La conciencia es total, pero se manifiesta de forma individual como una instancia de sí misma. Pero siempre es la misma. Como una actriz que pudiera interpretar varios papeles a la vez. ¿No sería caótica su mente? No llegaría a ser una identidad, porque sería muchas simultáneas. Cuando emerja el ser supremo, esa actriz será solo una, con una sola experiencia. Será una identidad, la absoluta, y no la suma de todas.
-    S.I: Entonces, ¿definirías la identidad como una mente que poseen los seres vivos?
-    A.T: La percepción genera la identidad, y la realidad que experimente dependerá de cómo sea percibido el escenario. Por eso la identidad es el fruto de la percepción al autorreferenciarse en el escenario. Pero el escenario depende de cómo se haya percibido este, y la identidad emergerá de acuerdo al tipo de percepción. 
La mente, entendiendo como mente el resultado del funcionamiento de un cerebro, es un atributo de un tipo de identidades. Pero si extendemos el concepto de mente para referirnos al atributo de la conciencia, mediante el cual puede interactuar con el escenario e interpretarlo, entonces la mente es algo propio de toda identidad. Pero no es la identidad. 
La mente es una herramienta, un atributo de la conciencia. La identidad es la conciencia manifestándose con el filtro de la percepción, por eso hay identidades como las células, tan diferentes a las plantas, o a los mamíferos. Y se da la singularidad de que la conciencia es posterior a la identidad, pero sin ella la identidad no sería posible. Una vez una parte autopercibida se autorreferencia frente al entorno percibido, emerge la identidad. La identidad sería un simple identificador sin relevancia si no fuera porque hace aparecer la esencia a la que llamamos conciencia, en la cual se manifiesta la identidad en el tiempo y el espacio como una presencia. Como alguien. Es la experiencia.
 

© 2023 Alberto Terrer Bayo

bottom of page